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martes, 21 de mayo de 2013

Dora Maar: Conclusiones y bibliografía



Dora Maar fue  una de las artistas más originales de la primera mitad del siglo XX. Su prolífica obra abarca pintura, fotografía y poesía. Ya nos hemos preguntado aquí qué hubiera pasado si no hubiese conocido a Picasso, ¿Habría caído en picado entonces? No podemos sentir sino tristeza por todo ese talento estrangulado, pero más aun por esa vida de retiro forzoso y fervor demente.
Sin embargo, tras la revisión de su biografía y obra, nos quedamos con todas esas piezas que muestran un riquísimo mundo interno y un talento innegable. Además, y por suerte, hay grandes profesionales, como Victoria Combalía, ya mencionada en este blog, que han recuperado la obra de la fotógrafa en valiosos textos como  “Dora Maar con o sin Picasso”, que incluye también textos de Mary Ann Caws.
Os dejamos la bibliografía que hemos usado para que podáis seguir profundizando el esta fascinante artista:

VV.AA., Dora Maar con o sin Picasso, Destino, 2000

Chadwick, Whitney, Les femmes dans le mouvement surréaliste, Thames and Hudson, 2002

Drouot Richelieu, Les photographies de Dora Maar : une histoire, des oeuvres, Paris, 1998

Maar, Dora (1907-1997), Dora Maar Fotógrafa, Valencia : Bancaja, 1995.

Judi Freeman, Picasso and the weeping women: the years of Marie Thérèse Walter and Dora Maar, Rizzoli, 1994

Roy MacGregor-Hastie: Picasso's women, Harpenden: Lennard Assoc., 1988

James Lord: Picasso and Dora: a memoir, Nueva York, Farrar, Straus & Giroux, 1993



miércoles, 15 de mayo de 2013

Dora Maar


Dora Maar tuvo una activa y prolífica vida antes de conocer a Picasso. Estudió en la Academia de Fotografía liberal de París, se codeó con importantes personalidades de la fotografía: Harry Meerson, Pierre Keffer y George Bataille entre otros,  trabajó en revistas de moda como Madame Fígaro, consiguió introducirse en el mundo surrealista y documentó la realidad social de ciudades como Barcelona, Londres y Paris. 

Las piernas. 
  
En 1936 comienza su relación con Picasso. Poco después ya se podía intuir un cierto tono de desesperación y dramatismo en la correspondencia que Dora le envía a su amado. Posiblemente, comenzaba a intuir sus infidelidades y temía que la abandonase por sus ataques de celos: ‘’Perdóneme esas escenas; no se lo tome en serio, mejor reír,  y trataré de corregirme’’. Tras estas débiles y sumisas palabras es complicado imaginarse a una mujer de fuerte carácter, inteligente e independiente, que tanto solía caracterizarla. Animada por Picasso abandona la fotografía, aquello en lo que comenzaba a ser relevante, para abrazar la pintura y convertirse en una pintora mediocre.
Picasso consiguió extraer hasta el último reducto de personalidad y creatividad que Maar conservaba; su mirada crítica, su sensibilidad y su pasión por la fotografía, estuvieron sentenciadas el día que conoció al maestro.

                     
Naturaleza muerta, 1947.
                                                                                                      

Intentamos pensar qué hubiera sido de Dora Maar si no hubiera conocido a Picasso, y nos preguntamos si habría sido reconocida por sus propios logros... La crítica de arte Victoria Combalía, una de las mayores conocedoras de la vida y obra de Maar, llevó a cabo en mayo de 2002 una gran exposición retrospectiva de su obra, en el Centro Cultural Tecla Sala de L’Hospitalet de Llobregat. Organizada por ámbitos temáticos, incluye más de 150 fotografías procedentes de más de 70 colecciones públicas y privadas, tanto de Europa como de Estados Unidos. 
Un intento según Combalía, de ‘’restituir el lugar que le corresponde dentro de la fotografía de los años 30 en Europa, con una calidad similar a la de Cartier-Bresson’’. 

Retrato de perfil con vasos y sombrero, 1930.
   
                                                    

Maria Soto

martes, 7 de mayo de 2013

"La mujer que llora"

El pasado mes de abril la escritora Zoe Valdés nos deleitó con la presentación de su nueva obra: “La mujer que llora”, con la cual ha ganado el Premio Azorín. Una novela que relata la vida de Dora Maar,  grandísima artista que continuamos conociendo, eclipsada por la figura de Picasso, la cual dice la propia Zoe Valdés “he llegado a odiar mucho por el camino”, además de las de Man Ray y Georges Bataille.

Esta obra formará parte de la trilogía dedicada a las mujeres surrealistas (aparte de Remedios Varo y Lidia Cabrera), y se centrará en el viaje (poco conocido) de Dora Maar a Venecia, ya separada de Picasso y acompañada por un par de amigos, uno de ellos,  James Lord; bajo el tono más sentimentalista en todos sus extremos.

miércoles, 24 de abril de 2013

Dora Maar, la fotógrafa surrealista.

Conocida sobre todo por la serie de fotografías que realiza del Guernica y por su relación con Picasso, la obra de Dora Maar es tan prolífica como notable.
Comenzó sus estudios en la Academie Lothe, para después ingresar en L’École de fotografía de la Ville de París, y tras ciertas incursiones en el mundo de la pintura es en la fotografía donde consigue destacar.

Autorretrato, 1930.

Portraits d’une femme, 1930.

Double-portrait, 1930.

Empreintes de pieds sur le sable, 1931-1934.


Dora dio sus primeros pasos en el mundo de la fotografía en el estudio del fotógrafo Harry Meerson para después formar un tándem con el también fotógrafo Pierre Keffer, instalándose junto a él en un estudio en Neuilly-sur-Seine. Maar y Keffer colaborarán con revistas de moda como Madame Figaro, realizan campañas para cosméticos y retratan a Assia, la modelo por excelencia del grupo surrealista.

Assia, 1934.


 Nude, 1934.

Hasta 1934, año en el que entra en contacto con el grupo surrealista y conoce a George Bataille sus trabajos se relacionan con el mundo de la moda y la publicidad.

Inmersa en el movimiento surrealista, sus fotografías están envueltas en un halo enigmático, místico y en cierta medida tenebroso que reflejan muy bien el propio carácter de Dora: melancólica, inteligente y emocionalmente compleja.

En sus obras Dora buscaba romper con los convencionalismos a través de la libre asociación de imágenes, buscando las formas ocultas de los objetos y creando realidades diferentes.

Una arquitectura totalmente surrealista, que recuerda en cierta medida a Chirico, conforma el paisaje y el escenario de sus fotografías, logrando de esta manera crear un aura onírica y enigmática.

Silence, 1935-1936.

Cavaliers, 1935.

29. rue d'Astorg, 1936.

Sin título, 1934.

Experimenta con el fotomontaje, el fotocollage, la sobreimpresión y el desenfoque, técnica que aprendió de Man Ray.

Jeux interdits, 1935.

Nusch Eluard, 1935.

Dream-like, 1935.

Afectada por los acontecimientos políticos que están sucediendo, marcha a Barcelona donde inicia una serie de fotografías en las que capta la realidad de un país en vísperas de guerra: pobreza, desesperación y marginalidad son el leit motiv de las instantáneas que tienen como telón de fondo los barrios trabajadores de la ciudad condal.

Mendigo Ciego, 1934.


Niño con boina, 1934.


Sin título, 1934.

Posteriormente en París y Londres, la realidad social siempre estaría bajo la mira de su objetivo, pues desde que Bataille la introdujera en el entorno político de la época, en 1934, Dora se había convertido en una tenaz activista de izquierdas que reflejaba su descontento social no solo con la firma de manifiestos y panfletos sino con sus fotografías.

Garcon aux chaussures depareillees, 1935.

Sin título, 1932.


Sin título, 1932.


Sin título, 1932.


Cuarteto de ciegos, 1934.


Lotera, 1933.

En 1936 conoce a Picasso y se convierte en el testigo más valioso de la génesis del Guernica, pues dejó documentado el proceso creativo paso a paso. 













Fotografías del Guernica tomadas por Dora Maar, 1936.

De esta época data una de sus obras más conocidas, el Retrato de Ubú, personaje inventado por Albert Jarry, que simboliza la figura de un dictador viejo y ciego que acabaría por convertirse en un icono fotográfico del movimiento.


Retrato de Ubú, 1936.

Gracias a Dora Maar y a otros artistas como Cartier-Bresson o Maurice Tabard concienciados con la situación social de su época, la prensa tradicional comenzará a evolucionar hasta el nacimiento de lo que hoy denominamos fotoperiodismo documental.

En 1945 su relación con Picasso concluye, cae enferma y su carrera artística cae en declive, tras lo cual inicia un periodo marcado por un fuerte carácter religioso.

“Después de Picasso, sólo Dios”- Dora Maar

Arrojada por Picasso a la pintura, pues el malagueño menospreciaba la fotografía, y más aún la fotografía de Dora, comienza en 1949 a pintar. Pero tras su ruptura ninguna de las vías artísticas que ella dominaba servía para dar consuelo a su dolor, de manera que entra en una vía mística e introspectiva que acabará por forjar su leyenda cuando tras su muerte se descubran en su casa parisina centenares de picassos que guardaba celosamente en una suerte de cripta-altar al dios más adorado de su panteón: Picasso.


Dora Maar con parte de su colección de picassos.


sábado, 20 de abril de 2013

Weeping woman



La mujer se ha embellecido, se ha puesto un sombrerito alegre, se ha peinado y arreglado ante la expectativa de la felicidad... y ahí está, a la vista de todos, desfigurada por el dolor, con sus buenas intenciones inmortalizadas en su alegre y coqueto sombrero. ¿Cómo es posible que podamos soportar el espectáculo de esta aflicción tan privada? ¿Qué falta en el retrato que nos permite entrar como extraños con tanta facilidad en la escena y apiadarnos y admirarnos al mismo tiempo ante la vista del mundo picassiana? Hermoso, sin duda. Lo triste de todo esto es su parte de realidad.

martes, 16 de abril de 2013

Dora Maar


Una tarde de otoño de 1935, Pablo Picasso se fijó en una mujer sentada en una mesa vecina en el café Les Deux Magots. Llevaba guantes negros y con la palma de su mano izquierda asentada sobre la mesa dejaba caer un pequeño cortaplumas, tratando de clavarlo en la madera entre sus dedos, tan cerca como fuera posible de la mano pero sin llegar a cortarse la piel. A veces erraba, y a la postre los guantes empezaban a mancharse de sangre. Picasso la estuvo observando largo rato y comentó a un amigo que le acompañaba que aquella joven le parecía extraordinariamente bella. Ella pareció entenderle, levantó la cabeza y le sonrió. Poco después les presentaron. Se llamaba Dora Maar y era fotógrafa.


Henriette Théodora Markovtch, más conocida como Dora Maar, nació en Tours en diciembre de 1907. Pasó su infancia en la capital argentina, hasta 1920, cuando al fin regresó dispuesta a zambullirse de cabeza en el mundo intelectual y artístico que acontecía por aquellos años. Tras una etapa de formación en la Escuela de Fotografía de Paris, una de las más liberales de la época, y un periodo en que sirvió de modelo del célebre Man Ray, Dora terminó participando activamente en ese mundo, siendo reconocida como una talentosa fotógrafa del momento. Identificada por un físico majestuoso, mandíbula prominente, nariz recta, abundante cabellera y extravagantes tocados, parecía prometer un protagonismo considerable en esos mediados del siglo XX. Pero se convirtió en la amante de Picasso, siempre dispuesta al pintor cuando éste la requería. Pasó de ser la hermosa y excéntrica fotógrafa a la mujer que esperaba encerrada en su piso por si acaso Picasso llamaba para invitarla a salir, o como ella decía, a la “musa privada” del artista.


Pero aquella relación no parecía funcionar. Acusada de infidelidades imaginarias y ridiculizada por errores reales o no, Picasso la provocaba hasta hacerla llorar. Entonces sacaba su libreta de bosquejos y un lápiz y se ponía a dibujar. “Nunca la pude ver, nunca la pude concebir, si no era llorando”, comentó alguna vez. Esos bocetos, de los que existen decenas, terminaron convirtiéndose en pinturas.
Por esas fechas, Picasso seguía casado con Olga y mantenía ya una larga aventura con Marie-Thérèse. Casi todos los retratos que pintó de estas dos mujeres están hechos con curvas suaves y delicadas. Casi todos los de Dora Maar, en cambio, muestran un rostro devastado, herido, crispado, pintado con colores chillones y destruido por la pena. “Son todos Picasso, ninguno es Dora Maar”, comentaría ella.
Todo esto desembocó en serios problemas que Picasso trató de solucionar enviándola a la consulta del psiquiatra Jacques Lacan. Según su estudio, Dora ilustraba las teorías psicoanalíticas de la identidad desarrolladas por él mismo pocos años atrás, según las cuales explicaba que nuestra identidad proviene de imágenes nuestras reflejadas que percibimos fuera de nosotros, y mediante las cuales aprendemos a vernos. ¿Cómo se veía entonces Dora Maar al contemplarse retratada una y otra vez en los lienzos fragmentados y fortuitos de Picasso? ¿Quién era entonces ella realmente? Amante no correspondida, amante insatisfecha, quiso extender al máximo estos rasgos de identidad inacabados, los únicos aceptables para el hombre que la estaba reconstruyendo. Y como la imagen de sí misma se había hecho añicos, se sentía perdida y desamparada.

Se retiró del mundo prácticamente los últimos 40 años de su vida, convertida al catolicismo y viviendo enclaustrada en un departamento de Paris del que solo salía para ir a misa, al alba. Murió en Paris el mes de julio de 1997 a la edad de 89 años.