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lunes, 15 de abril de 2013

Marie-Thérèse Walter, bibliografía, páginas web...

Para los curiosos, os dejamos a continuación algunas referencias bibliográficas y recursos web interesantes que nos han servido de ayuda para acercarnos un poco más a la figura de Marie-Thérèse:


MALLEN, ENRIQUE: La sintaxis de la carne: Picasso y Marie-Thérèse Walter, Ed. Santiago de Chile, 2005

BRINK, ANDREW: Desire and avoidance in art, Ed. Peter Lang Publishing, New York, 2007

ECHEVARRÍA, RAFAEL: Raíces de sentido sobre Egipcios, griegos, Judíos y Cristianos, Ed. Comunicaciones Noreste Ldta, Chile, 2007

TELLO, ANTONIO y PALACIO, JEAN PIERRE: Todo Picasso: el mayor genio español del siglo, Madrid, El Mundo, Unidad Editorial, D.L., 2001

OLANO, ANTONIO D.: Las mujeres de Picasso, Barcelona, Planeta, 1987


Marie-Thérèse, una brisa limpia

Joven, alegre, de trato suave, casi despreocupada, nada exigente, afectuosa, desinteresada y anticonvencional… Pese a la similitud que muchos han establecido entre todas sus amantes, Marie-Thérèse era la antítesis de Olga, quien entonces no era nada más que una etapa artística ya pasada de Picasso. La joven fue para él un hálito de frescura, una brisa limpia y revitalizante (a pesar de sus ya casi cincuenta años, pues el propio artista decía: un hombre tiene siempre la edad de la mujer a la que ama) y un lienzo inspirador sobre el que el artista desarrolló una de sus etapas más fructíferas. Marie- Thérèse se transformó en algo más que su modelo y su amante: era la fuente de inspiración que Picasso necesitaba. Devolvió la paz a la vida del pintor, pero no definitivamente. El genio no estaba hecho para la vida hogareña, la rutina cotidiana, el llanto de un bebé y el olor de los pañales que llegaron ocho años después, cuando nació su segunda hija. Una cosa era la aventura prohibida inicial y otra aquello en lo que Marie-Thérèse se había convertido. Una vez más, Pablo Picasso necesitaba un cambio.

“Marie-Thérèse, en principio, significaba la paz, de la que estaba tan necesitado. Pero en cuanto esa paz tampoco fue posible a su lado, todo se fue precipitando hacia su desenlace final”
Pablo Picasso

A nosotros nos quedan sus retratos, su dulzura, su paciencia y su fidelidad por el artista. Marie-Thérèse ha pasado a convertirse en la musa de una de las etapas más prolíficas y amadas del pintor. Ahora nosotros sabemos quién es la mujer que estaba detrás de esos rostros suaves ocultos y desbaratados bajo el estilo particular de Picasso. Concedámosle el mérito y dejemos de considerarla musa para darle el verdadero papel que tuvo durante este periodo: ella es realmente la protagonista, la dulce magia que embaucó al artista y movió sus brazos, su pincel, con movimientos suaves y delicados que a día de hoy se han convertido en auténticas joyas de la Historia del Arte.  

domingo, 14 de abril de 2013

Marié-Thérèse Walter, la joven rubia picassiana.

Marié-Thérèse sólo tendría 17 años cuando Picasso comenzó a introducir su dulce y joven rostro en sus obras. Al principio, dado que Picasso seguía con Olga Khokhlova, su relación se llevó a cabo en secreto, por lo que su aparición en las obras también se encontraba encriptada, naciendo de alusiones a un fuerte erotismo. Aquí vemos la interpretación de las guitarras, esperando a que el artista las toque, o la presencia de sus iniciales en algunos de los bodegones de los últimos años de la década de los veinte.


Mujer con pelo rubio (1931)

Será ya comenzados los años treinta cuando Marié-Thérèse y sus delicadas y jóvenes líneas compositivas comenzarían a aparecer en la obra de Picasso, sin ningún tipo de tapujos, olvidándose de todo tipo de encriptaciones. Su rostro y su figura llenaran el lienzo entero.


Mujer sentada junto a una ventana (1932)

Mujer sentada junto a una ventana, uno de los cuadros más importantes de la musa, se encuentra ahora mismo en boca de todos por su reciente subasta en 33 millones de euros. Convirtiéndose en una de las obras más caras del malagueño, gracias a la joven musa.
Estas obras, muy importantes en la producción y vida de Picasso, toman una gran serenidad y demuestran la tranquilidad que adoptaba el artista junto a Marié-Thérèse, a parte de la intensa índole sexual de la relación en algunos aspectos.


Desnudo, hojas verdes y busto (1932)

Si retomamos el tema del coste de algunos de los cuadros en los que aparecía retratada la musa, obviamente tenemos que pararnos a hablar de “Desnudo, hojas verdes y busto”, que convirtiéndose en uno de los cuadros más caros del mundo, nos deja clara la importancia de la parte de su producción dedicada a Marié-Therésè. Cómo “La lectura” o "El sueño", de un gran carácter Matissiano y reflejo de ese gusto sexual por la joven.


La lectura y El sueño (1932)

lunes, 1 de abril de 2013

Marie-Thérèse: fortuna crítica

Picasso y Desnudo, hojas verdes y busto. Fotografía de Cecil Beaton
Marie-Thérèse es sin duda la más perfecta de las musas de Picasso. Ella fue la más lozana, la más dulce, la más fiel, la más pura.

Su ingenuo erotismo y apasionada entrega brindan un nuevo aliento al genio de Málaga, quien da una vuelta a su visión de lo femenino en una renovada explosión de color, hasta ese momento castrado por la crisis matrimonial con Olga Kohkhlova. Así, esta relación es el baluarte, como ya hemos visto, de uno de los períodos más fértiles de Picasso; pinta, esculpe, escribe poemas y realiza grabados a un ritmo de producción locomotor. Y ella siempre en el cuadro, durmiendo, recostada en el sofá, tumbada en el césped o leyendo, siempre en esa voluptuosidad a todo color que fascinó, durante un tiempo, al pintor.

Incluso dice Picasso que Marie-Thérèse le salvó la vida al conocerle, y sin embargo, no podemos decir lo contrario, pues como si hubiera embaucado por siempre a la joven, a los cuatro años de su muerte, ella se ahorcó. Este final trágico no suele tener importancia alguna en la literatura sobre Picasso o su relación con Marie-Thérèse pues casi todos los textos se centran más bien en idealizar ese amor loco que se tenían, y especialmente contados aspectos de la gran musa.
Estos son en suma, la lozanía e ingenuidad propias de una bella chica de 17 años, que ignoraba quién era Picasso, que por entonces tenía 45. Así, la joven sueca se embarcó el intenso idilio amoroso que terminaría con el nacimiento de Maya, la hija de ambos y la aparición de otra mujer, Dora Maar. Aunque Picasso nunca se casó con ella y la relación de facto terminó en 1935, siguió haciéndose cargo de su manutención y las visitaba de vez en cuando.

Grabado de la serie Minotauromaquia (1936)
Llegado a este punto, nos preguntamos qué ocurrió con la lozanía de Marie-Thérèse cuando ella se enteró que estaba con otra mujer, y más tarde con otra y otra. Qué fue también de esa voluptuosidad cuando envejeció, ¿Se habría prendado Picasso de ella si la hubiera encontrado con 45 años?
Traemos todos estos posibles al texto para crear la incomodidad necesaria de una reflexión, pues creemos ver de nuevo, y en este caso de una forma prístina y estereotípica, la imagen de la mujer-objeto. La musa sin mirada ni palabra que sólo puede prestar cuerpo a su amante. Picasso decía de ella que era la mujer inconformista que cambia de vida y de ideas obedeciendo a su instinto, en contraposición a su esposa Olga. Sin embargo, nosotras apuntamos al opuesto, creemos que Marie-Thérèse fue la (no)esposa fiel que tras ser poseída por el pintor nunca pudo recuperar su existencia. Picasso fue para ella la sordera vital, que le impidió siquiera concebir otras posibilidades de vida.
Es la imagen de mujer-niña, que queda perfectamente representada en los grabados de la serie La minotauromaquia (1936), época en la que aparece un nuevo alter-ego de Picasso, el minotauro. Este yo autoficcionado no es sin duda casual, sino el binomio necesario para esa mujer niña que acabamos de mencionar. Sobre la mujer pura hallamos al hombre ferozmente dominante, que busca en su pareja poseer esa pureza-ignorancia que él nunca podrá tener. 
Así Marie-Thérèse pasa a la Historia del Arte como el atributo perfecto de Picasso, como el premio que le hace hombre, su ovillo de Ariadna.

lunes, 25 de marzo de 2013

La influencia de Marie-Thérèse en Picasso

«Te veo frente a mí adorable paisaje MT
y nunca me canso de mirarte
tumbada de espaldas en la arena
mi querida MT, te amo
MT mi devorador sol naciente
tú estás siempre en mí, MT madre de acres y chispeantes perfumes de jazmín
te amo más que al sabor de tu boca
más que a tu mirada, más que a tu mano
más que a tu entero cuerpo, más y más
y más y más de lo que todo mi amor por ti va a ser capaz de amar nunca
y esto lo firma Picasso»

Poema dirigido a Marie-Thérèse el 28 de julio de 1936.

En enero de 1927, Picasso quedó cautivado por la belleza de una joven sueca llamada Marie-Thérèse Walter. En aquel momento, el pintor continuaba casado con la bailarina rusa Olga Khokhlova, sin embargo, ello no interfirió en el comienzo de una de las relaciones amorosas más intensas vividas por el arte.
En sus inicios, la relación se mantuvo en secreto, y su nueva musa se manifiesta vagamente en diversos dibujos y esculturas de fuertes alusiones eróticas. No obstante, en 1932, ese intenso amor furtivo salió a la luz, en una amplia retrospectiva del artista en la galería parisina Georges Petit. Aparecen imágenes serenas y armoniosas de una joven de cabellos rubios, cuerpo voluptuoso y dúctil, representada de diversas formas. La personalidad alegre de Marie-Thérèse, su físico y frescura de juventud, estarán siempre presentes en sus retratos.
Marie-Thérèse, 1935, Gagosian Gallery.

Una de las obras más representativas de la influencia de la joven en el artista, es ''La mujer sentada’’. La simplicidad de formas, la elección de colores ‘’matissianos’’, la elegancia en la postura y la delicadeza del rostro, reflejan a la perfección la potente y obsesiva atracción que el pintor sentía por su musa. Picasso llegaba a diluirse en Marie-Thérèse, el rojo intenso que emana de su vientre y torso, reflejan claramente las fantasías sexuales que la joven desataba en el maestro.
La mujer sentada, 1932, Colección privada.

En la década de los 30, Ambroise Vollard y Picasso colaboran en una importante serie de grabados. Sumergido en un vocabulario volumétrico, es en esta serie donde se percibe la enorme influencia que fue Marie para el pintor. La presencia constante de la figura del Minotauro nos hace pensar en su relación con la joven, entendiendo la figura del mito como expresión simbólica de su alter ego. La representación del Minotauro siempre aparece con carácter violento y feroz, mientras que la joven que aparece a su lado es representada con dulzura y delicadeza.
                                                                                                           
    
Serie La Minotauromaquia, 1936.

Fue tal la importancia de Marie en Picasso que incluso François Gilot, compañera del pintor durante diez años a partir de 1942, afirma tras descubrir las fotografías que este guardaba de la joven:

‘’ Consideré fascinante contemplar de cerca a Marie-Thérèse, dándome cuenta al instante de que ella era la mujer que había inspirado a Pablo plásticamente mejor que ninguna otra. Poseía un impresionante rostro de perfil griego. Todas las series de retratos que pinto Pablo entre 1927 y 1935 son exactas replicas de Marie-Thérèse. ‘’

A pesar de las constantes transformaciones anatómicas, Picasso jamás se alejaba completamente de las características particulares de su musa. La robusta plenitud de sus formas, los ojos almendrados, la nariz marcada y unos pechos redondeados, estarán presentes en su pintura incluso después de abandonarla.

Marie-Thérèse se convirtió en la mujer que más influyó en la obra del pintor. Fue su musa e inspiración durante años, y muy posiblemente la época que vivió con ella fue uno de los periodos artísticos más sobresalientes del artista. 

Maria Soto Ramos

jueves, 21 de marzo de 2013

Marie-Thérèse Walter. Biografía.

Debemos estar juntos, juntos haremos grandes cosas”.

Era el 8 de enero de 1927, Picasso había parado a Marie-Thérèse Walter que salía de las galerías Lafayette en París asombrado por su belleza. Ella tan solo contaba con 17 años, mientras que el pintor rondaba casi los 50.

Suiza de nacimiento, afincada en París, perteneciente a una familia de clase media y gran aficionada al deporte trabajaba como monitora en un campamento juvenil .A los pocos meses de su encuentro, Picasso le compró un apartamento en la rue La Boetie, cerca de la casa donde él vivía. Allí comenzó a pintarla y allí comenzó también su historia de amor. Aunque habían pasado un par de años, todavía  ocultaban su relación a Olga Khokhlova por lo que para verse precisaban de las artimañas y trucos más ingeniosos.

En 1930 Picasso adquirió para ella el Castillo de Boisgeloup a 60 kilómetros de París.  A este periodo  pertenecen la mayoría de los  retratos de Marie-Thèrése.

En 1935, Marie daba a luz a Maya, llamada en realidad María de la Concepción, en recuerdo de la hermana  fallecida del pintor.


A los meses de nacer Maya, Picasso que no soportaba su nueva vida con Marie y la recién nacida, conoció a su próxima amante Dora Maar. Marie y Maya permanecerían junto a Picasso en Juan-les-Pins, al sur de francia  hasta 1936, año en el que se mudan a Le Tremblay-sur-Mauldre , donde Picasso las visitaba los fines de semana, pues para entonces Picasso ya había sustituido a Marie.

En 1940, Marie y Maya volverían a Paris, su casa en Le Tremblay-sur-Mauldre había sido ocupada durante la II Guerra Mundial.

El 20 de octubre de 1977, cuatro años después de la muerte de Picasso, Marie-Thérèse se ahorcó en el garaje de su casa. Tenía sesenta y ocho años de edad y desde que conociera a Picasso había vivido enjaulada por el amor y la sombra del malagueño y como su hija Maya escribiera después le siguió hasta la tumba, convencida de que tenía que cuidar de él incluso una vez muerto.

«Soy Marie-Thérèse Walter. Cuando Picasso me atrapó, yo tenía solo 17 años. Estuve siete con él y le di una hija, Maya. Dicen que fui la más sensual, cariñosa y dulce».

martes, 19 de marzo de 2013

Marie-Thérèse también conquista a los coleccionistas

Mujer sentada junto a una ventana, 1932
A modo de pequeño adelanto sobre la siguiente musa que trataremos en nuestro blog, Marie-Thérèse Walter, queremos daros unas pinceladas sobre su figura, a través de una noticia que hace poco más de un mes impactó al mercado del arte. 

El retrato que os mostramos más arriba fue vendido por la casa de subastas Sotheby's por la cifra 32.9 millones de euros, el doble de lo que se esperaba, convirtiéndose en uno de los cuadros más caros de los últimos tiempos. Sin embargo, esto no debe extrañarnos, pues desde hace unos años ha habido un aumento de interés desde los coleccionistas hacia la amante de Picasso, quizá porque ella y sus retratos representen una de las etapas más fructíferas del pintor malagueño. Prueba de esto es que hace tan sólo tres años antes se vendió en la casa Christie's de Nueva York otro retrato de Marie-Thérèse, Desnudo, hojas verdes y busto (1932) por la increíble cifra de 81.9 millones de euros, convirtiéndose en el segundo cuadro más caro de la historia, tras Los jugadores de cartas de Cézanne (1894-95), con un precio de 191 millones de euros.

Desnudo, hojas verdes y busto, 1932
Estos hechos pueden hacernos reflexionar, en primer lugar, en torno al valor real de una obra de arte, de qué lugar proviene su precio, y hasta qué punto ha contribuido el pintor como "personaje" para alzar o disminuir este. Asimismo, qué lugar ocupa la imagen de Marie-Thérèse, como la perfecta amante-musa, en la atracción que sin duda sienten los coleccionistas por sus retratos, como si de alguna manera pudieran ellos también disfrutar de la cándida personalidad que enamoró a Picasso. Sin duda es algo que descubriremos a lo largo de las próximas entradas.

Para terminar, os dejamos un vídeo realizado por Sotheby's, donde la misma nieta de Picasso y Marie-Thérèse, Diana Widmaier Picasso (también historiadora del arte) y Philip Hook, analizan el primero de los retratos mencionados y nos introducen a la figura de nuestra siguiente musa.